De éxitos y fracasos

Por Leonardo Goldberg

Buena parte de las noñerías que se incluyen en la diaria discusión ciudadana, están influenciadas por ese enorme mito que afirma que basta que suba un gobierno, para que la oposición se dedique a la crítica prematura, implacable y destructiva, que no le tenga la paciencia ya no necesaria, sino indispensable y que lo primero que los argentinos deberíamos hacer, es esperar que las primeras medidas de gobierno tengan los resultados anunciados, más que los racionalmente esperables.


Imagen 1Quienes así razonan, entre otras cuestiones equiparan las actitudes de la CGT y el resto de las organizaciones populares, en períodos tan disímiles como los gobiernos de Arturo Illia y Raul Alfonsin y mecánicamente, las trasladan a la actualidad. Así las cosas, al gobierno del mejor equipo de los últimos cincuenta años, habría que darle tiempo.

Creo que estas opiniones no son respetables y el tema merece un par de aclaraciones. Puedo soportarlas, cuando salen de boca de quienes suelen ser identificados como "ciudadanos de a pie" Cuando surgen de una nota periodística, solo me quedaría el recurso de enviar una "carta de lectores", que tendría escasas chances de ser publicada. Cuando una opinión de ese tipo es dicha por alguno de esos "periodistas estrella", podría comenzar a esbozar alguna ironía, pero inmediatamente me dedico a accionar el control remoto. Pero cuando quien las dice es un legislador que no pertenece al oficialismo , el asunto ya es grave y mucho más aún cuando sale de boca de dirigentes sindicales.


Desde hace ocho meses, estamos transitando los senderos marcados por el neoliberalismo. No hice la cuenta de cuantas veces ya lo hemos hecho, pero voy a dar algunos ejemplos, todos ellos posteriores a 1955. Durante el gobierno de Frondizi, Alvaro Alsogaray no solo quiso convencernos de pasar un invierno interminable, sino que se propuso que el país ingresase en las "corrientes del financiamiento internacional, eufemismo que ocultaba el propósito de someternos al FMI. Sus antecesores, Krieger Vasena, Verrier y sus sucesores, Roberto T Aleman, Jorge Whebe, José alfredo Martinez de Hoz y Federico Pinedo, fueron neoliberales convencidos y aplicaron las políticas económicas que le son propias y así quedamos.

Una perla negra en ese collar de perlas neoliberales, fue Jorge Nestor Salimei, un empresario cuya firma, Sasetru era la principal comercializadora internacional de granos y aceites comestibles. En su directorio figuraban representantes de los más de sus 10.000 trabajadores. Salimei, ministro de un gobierno como el de Onganía, fascista en lo político, y liberal en lo económico, no cumplió con el ideario del liberalismo, fue sometido a internas feroces que lo obligaron a renunciar y posteriormente, su empresa fue acosada judicialmente hasta ser llevada a la quiebra. El juez actuante no fue Bonadío, sino Canicoba Corral. Estoy hablando de 1966.


Salimei fue reemplazado por Krieger Vasena, a quien sucedió Dagnino Pastore, luego Moyano Llerena y después, durante el gobierno de Livingston, Aldo Ferrer que cometió el error de aceptar su designación.
Es decir que la experiencia acerca de este tipo de gobiernos y sus ministros de Economía, es lo suficientemente vasta, como para que nadie se pueda hacer el distraído. Menos aun los dirigentes sindicales, en la medida en que las luchas más heroicas del movimiento obrero se dieron durante estos gobiernos.

Imagen 2El gobierno de Macri fue algo así como una "crónica de una política económica preanunciada". Solo verdaderos estúpidos podían ignorar lo que finalmente nos sucedería. Y todavía falta porque el mejor equipo de los últimos cincuenta años, no se conforma con tarifazos y negocios turbios, con considerar que el salario es un costo más y continuar una obra destructiva de nuestro país, de la cual no hay antecedentes. Están en la búsqueda de volver al pasado pastoril y vacuno donde sobren veinte o más millones de argentinos, de endeudamiento interminable, de entrega de nuestras riquezas naturales al imperialismo, y lo más importante de todo, es que quieren que esa situación de llegada se cristalice y no tenga retorno posible. O que, por lo menos, sea muy difícil y costoso.

Entonces, afirmar que si al gobierno le va bien, nos va a ir bien a todos, es algo similar a hacernos el hara kiri. Si el gobierno tiene éxito, significaría que nosotros fracasaríamos y que quienes tendrían el futuro asegurado no serían quienes votaron a Cambiemos sean o no de las capas medias, sino los grupos económicos concentrados, los bancos, la oligarquía terrateniente y la burguesía agraria y demás beneficiarios y patrocinadores ideológicos y financieros del neoliberalismo. Nuestros intereses y los de ellos, son nítidamente antagónicos.

Tengo serias reservas, acerca de si la sociedad y la economía están en condiciones de soportar un ida y vuelta entre gobiernos nacionales, populares y democráticos y gobiernos de la derecha neoliberal.

Cristina insiste con la necesidad de un Frente Ciudadano, de la necesidad de construir nuevas mayorías y estoy de acuerdo. Pero aunque sea difícil, en esa nueva mayoría no deberían figurar aquellos que se ocupan de garantizarle a Macri una gobernabilidad que ya es tambaleante, sean gobernadores, diputados y senadores o intendentes o dirigentes sindicales, sean del partido que fuesen.. Tengo dudas acerca de que incluirlos en una alianza de nuevo cuño, sirva para ganar elecciones.

Tampoco se debería ser indulgente con todos aquellos empresarios que de una u otra forma, insisten e insistirán no solo con incrementar sus utilidades para fugarlas, sino nuevamente con copar el poder formal y transformar definitivamente a nuestra sociedad en una de consumidores, en lugar de que sea una de ciudadanos, De reemplazar a la Democracia por el mercado, con el pretexto de que los consumidores eligen en todo momento.

O los liquidamos, o nos liquidan. Si este gobierno tiene éxito, nuestro futuro va a estar en el empobrecimiento. Ellos o nosotros. Así de simple.

 

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