El secreto del odio

El odio hacia la ex presidenta de la Argentina —o hacia Chávismo o cualquier presidente que conduzca una política de carácter nacional y popular— tiene un secreto cuando se destila en los medios periodísticos: es el comportamiento de quienes reciben las informaciones. Los editores la guardan bajo siete llaves, aunque ese secreto no elimina los hechos, que conviven a la vista de quienes saben verlo. Lo conocen bien los varios Magnetto, Mitre. Fontevecchia y demás empresarios que pueblan las redacciones de todos los medios de comunicación del mundo. Es así que sintonizan sobre la misma línea editorial. Por Luigi Lovecchio

Las columnas de Jorge Fontevecchia pueden ser un ejemplo: en sus escritos el CEO de editorial Perfil camina al borde de la verdad, pero desviando la mirada en el último tramo hacia la conveniencia de los intereses personales. Sus dos últimas columnas no han sido la excepción al ignorar que la mayoría de los caceroleros de antaño reclamaban a la ex presidenta medidas absurdas y pocos claras —aparte de abundante insultos groseros.

Reclamaban por la inseguridad y se olvidaban que la Argentina es uno de los tres países más seguros de la región, incluyendo Estados Unidos. Pero Fontevecchia sabe de eso y mucho más. Los editores saben también que es uno de los países con menor pobreza; la segunda después de Canadá, y lleva la delantera en la relación entre sueldos y poder adquisitivo, comparando con los sueldos de todos los países de América Latina.
Eliminando estos tres ejes de la protesta, sólo quedan, como tema de los la corrupción, el asunto dólar y el odio injustificado.

La corrupción se puede demostrar que no lo fue. Este fue el gobierno que más dinero público ha empleado en activar la economía, en acumular reservas, en satisfacer asistencia social, en pagar jubilaciones en incluir más de dos millones de nuevos jubilados, en la asignación universal por hijos, en subsidiar las tarifas de los servicio público como el gas, la electricidad, el transporte, en pagar las deuda externa tildada de incobrable por los anteriores gobiernos.

Al ver tantos logros acertados, viene uno a preguntarse dónde iba a parar tanto dinero que en ese entonces alcanzaba para pagar todas las obligaciones (sociales o no) que antes con los gobiernos anteriores, se descuidaban. Aumentó el PBI, aumentaron los recursos, es verdad, mismo así antes había crisis y el dinero apenas alcanzaba para hacer funcionar al país de manera muy reducida, y se ofrecía el triste espectáculo de la pobreza exagerada.

Pero... ¿por qué el odio?

Al descorrer el telón y mirar con ojo imparcial y crítico el escenario de los medios de comunicación argentinos, se descubre gran parte de la verdad. El odio a la ex presidenta, las mentiras sobre pobreza e inseguridad se fomentó desde el primer día de aparición en el escenario político de los Kirchner y se ha ido sedimentando sutilmente y sin pausas en el ánimo de quienes no tienen capacidad de análisis o viven distraídos y toman un mundo prestado o tienen intereses bien marcados con una política neoliberal y no aprueban, por distintas razones, las medidas económicas del ex gobierno kirchenerista.

Imagen 2Los medios de comunicación de la región están planificados para hacer creer a sus seguidores que el pensamiento brotó de su cerebro y las ideas subsiguientes es calar en sus mente que hace parte de sus tendencias. En la prensa de la región abundan los meta-mensajes, de apariencia ingenua, que luego surten el efecto de una germinación agigantada en el ánimo de loos seguidores. Obedeciendo a esa manera de comunicar, un simple delito pasa a ser una tragedia que se repite y repite. Repiten en cadena, todos los medios, todo el tiempo los hechos, asociando el delito con la política de inseguridad desarrollada por el gobierno anterior. Muchos acabarán con creer que en su país cunde una grande inseguridad.

En el diario la Nación, Santiago Kovadloff, titula su columna: Lo que la gente puso en marcha, aludiendo como única "gente" a los caceroleros, una minoría social, es verdad, con derecho a protestar. Luego añade en cursiva: "Pidió ser gobernada y no sometida. Más aún: dejó bien claro que no se dejará someter". ¿Quién quiere someter a quién?, estimado Kovadloff. Cuando quienes protestan se muestran violentos el gobierno se muestra conciliador. El drama de ese título es que puede inducir a gente no preparada en política a tomar una decisión equivocada en contra de sus mismos intereses.

Nadie somete a quienes piensan diferente aún cuando se usan métodos prepotentes para intentar imponer el criterio. Sin embargo el mensaje de Kovadloff deja implícito que el gobierno somete a quienes no piensan igual —y de ahí el meta-mensaje malicioso que descansará en el pensamiento de más de uno.

Pero, quien leyó este título de La Nación no sabe que cayó en una trampa, que lo incita a formarse una idea negativa del anterior administración, que se grabará en su subconsciente cargando una mochila que un día despertará como una idea propia. A este tipo de recado, el mismo lector los unirá a otros metas-mensajes que se sedimentarán como una memoria propia. Se recordarán todos juntos cuando ya está maduro el momento de la protesta. Momento que los mismos medios deciden con sus títulos estimuladores.

Imagen 1Las conclusiones son que nadie recuerda (y los medio no lo dicen) que la Argentina es uno de los tres países más seguros de la región, tampoco importa si la pobreza es la menor y menos aún, que los sueldos de los argentinos son los mejores en poder adquisitivo y que este gobierno no gerencia la corrupción. No importa nada, aún cuando un empresario, CEO de Techint (Paolo Rocca), declara en el mayor diario de latinoamerica, Clarín, que los sueldos de los operarios locales duplican a los mexicanos y casi triplican a los brasileños y que la Argentina es récord en poder adquisitivo.

Se podría seguir con los meta-mensajes hasta al infinito, como el de Perfil.com que dice: "El riesgo de Cristina: ganar o perder todo"; o "El Gobierno usó Fútbol para Todos para descalificar los cacerolazos", de La Nación.

Cada día aparecen mensaje demoledores que se acumulan de manera silenciosa en el ánimo de la gente. Y ahí quedan. Su conciencia ya está culturizada y le resultará fácil comprender lo que debe odiar. Parece un cuento imposible pero este es el grado de sofisticación de las comunicaciones actuales.
Si hubiese una necesidad real como lo manifiestan los mensajes comunicacionales, el gobierno habría caído desde hace tiempo.

Tenemos que convivir con la estupidez. Estúpidos son los diarios que escriben imprecisiones y los noticieros que dan informaciones malintencionadas. No es posible que se llamen de periodistas quienes con toda intención y deslealtad escriben mentiras para fomentar el odio entre los argentinos.

El verdadero enemigo no es Magnetto ni Mitre, ni Fontevecchia, el verdadero enemigo son los poderosos intereses que descansan al norte e inquietan a la región para intentar desestabilizar sus políticas nacionales y populares por medio de las comunicaciones, obligadas gracias a las prebendas y las presiones en llevar adelante la tarea de favorecer una política global. La Vuelta de Obligado” siempre es actual en este lado del mundo.

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